Donald, el racista

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POR ANA ANTÚNEZ
 
El ritmo latino no le cae bien al millonario estadounidense de 69 años Donald Trump, quien apuesta una vez más a un lenguaje segregacionista, para ganarse votos de no quién, en su carrera por la presidencia de EE.UU., por el Partido Republicano. La indignación no fue poca. Oleadas de críticas por redes sociales, retiro de auspiciantes y de respaldo televisivo al certamen Miss Universo, de donde el intransigente empresario que sueña ser presidente es propietario de la franquicia, además de centenares de voces de rechazo por parte de la farándula no solo mexicana, en los Estados Unidos sino perteneciente a otros países de Latinoamérica. Y los titulares de medios masivos americanos no le han perdido ni “pie ni pisada” al culebrón de alto perfil.
En tiempos donde cada vez es menos notoria la frontera social entre estadounidenses de “pura cepa” y latinos (mexicanos y el resto de inmigrantes de habla hispana) afincados en ese territorio por muchos años, no se puede calificar de otra cosa sino de “torpeza publicitaria” la cometida por el magnate de piel lozana y rubios cabellos.
La cultura del odio racial ha ocasionado ya tantas muertes y dolor al pueblo americano que me sorprende que una persona que aspira al despacho oval se valga de esos argumentos tan caducos como perjudiciales, pretendiendo despertar el “nacionalismo” de posibles votantes.
Hace pocas semanas, la matanza en una iglesia, de una comunidad afrodescendiente en Charleston (Carolina del Sur) revivió el temor a los crímenes de odio en aquel país.
Y lo que suponíamos, se volvió real, cuando los medios informaron que el autor de las 9 muertes, Dylann Storm Roof, escribió en un manifiesto que los hispanos son “un enorme problema” para Estados Unidos.
El asesino confeso de 21 años fustigó en ese documento a afroamericanos, judíos, hispanos, asiáticos y no ahorró críticas contra el “moderno” patriotismo estadounidense que se ha convertido en una “absoluta burla”.
Y este tipo de situaciones es lo que origina el lenguaje discriminatorio y racista que tanto le place difundir al ricachón Trump. Sus intenciones de hacer alta política desde la Casa Blanca no pueden ser tomadas en serio, porque su lenguaje hacia una minoría que ya dejó de serlo en las intenciones de voto, así lo ratifica, mientras tanto, los mexicanos seguirán creciendo en número, empuje laboral y riqueza cultural en suelo americano, al igual que las otras nacionalidades latinas, aunque al rubio de ojos azules, piel lozana y estrecha mente le mortifique.