Por las calles de la patria soñada

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Y ahí están marchando por las calles de nuestro país. En Asunciónotras ciudades paraguayas. Son miles de compatriotas pertenecientes a numerosas organizaciones, agitando tal vez antiguas y postergadas consignas por una vida mejor, pero integrados y solidarios a la luz de una misma y renovada esperanza. Quienes son y de donde vienen.
Muchos llegan desde las orillas del sudor y el sacrificio, desde las madrugadas profundas y llenas de carenciasTraen recuerdos de esos días de lluvia o de pleno sol en los hombros. Llegan con el signo del esfuerzo compartido diariamente.
Unos con sus sonrisas juveniles desparramando el futuro con energíaOtros con la mirada adulta con arrugas marcadas por el quebranto diario.
Son ciudadanos, gente como vosyo, cooperativistas, campesinos, pequeños productores agrícolas, amas de casasempleados, vendedores ambulanteprofesionales, microempresarios, personas que se levantan cada mañana con la esperanza prendida en cada gesto, en cada paso. Hombres y mujeres, jóvenes y adultos moldeados por el esfuerzo honesto, la espera, el sudor, el sacrificio.
Personas sencillas que trabajan con humildad y dedicación, silenciosamentepero que son imprescindibles para el desarrollo sostenible de nuestro querido Paraguay. No les encontrarán en las páginas sociales. No son noticias que venden. Claro si se dedican a sus labores
cotidianas. Su única hazaña es la tarea bien hecha, el esfuerzo solidario, la ayuda mutua. Su lugar de lucha diaria es la oficina, la chacra, la ikokue, la calle y esa generosa dedicación a su hogar, a sus hijos.
Por qué esta marcha desde sus casasvalles y barrios, desde sus oficinas o puestos de ventas. Por qué han dejado su faena diaria y se han instalado en la plaza, frente al Parlamento Nacional, soportando penurias, arriesgando su seguridadsu salud y la de su familia. Ahí
están con pancartas y reivindicacionesamparados en la confianza de que están ejerciendo su derecho a pedir, a dialogar con las autoridades. Un ejercicio que debería ser lo más sencillo y normal, conversar con sus mandatarios, con aquellos a quienes eligieron para administrar
el Estado, es decir, para cuidar con equilibrio, seriedad e inteligencia los intereses de la república que son de todos los ciudadanos. Por
qué ese extraño juego democrático. No son acaso las autoridades quienes deberían buscar el diálogo, acercarse a la gente, conocer sus chacrasrecorrer las empresasfamiliarizarse con la realidad y las necesidades de la gente, en su propia comunidad, antes de sancionar cualquier ley o promulgarla, antes de asumir una decisión que perjudica a los sectores más pobres.
Acaso no son ellos quienes deberían consultarnos, solicitar que le brindemos nuestro tiempo, disculparse porque han llegado tarde o han faltado a alguna entrevista con la ciudadanía. No es acaso el Presidente de la República nuestro Primer Mandatario cuyo sinónimo
sería, nuestro primer empleado, dependientesubordinado. Y los Parlamentarios qué son, sino nuestros funcionarios.
Por qué no están hoy con la gente que llegan con sus peticiones y reclamos, de manera pacífica. La única Diputada que se acercó a saludar fue la señora Olga Ferreira, a quien mencionamos con aprecio y respeto. Sabemos que hay congresistas que apoyan a las cooperativas y a la gente de trabajo.
Nos referimos a una mayoría que se han alejado de sus mandanteses decir de aquellos que le eligieron y le encargaron que cumplan sus
funciones con honestidad y transparencia.
De quienes tienen todo el derecho de pedirles explicaciones ante las denuncias de corrupción que les compromete en varios casos enunciados por la prensa, de exigirles rendición de cuentas si se dedican a beneficiarse grupalpersonalmente del cargo en el cual son dependientes nuestros. Por qué no tienen tiempo de escuchar y buscar soluciones a las propuestas que se les presenta, de recibir a la gente. Qué puede
ser más prioritario para ellos que dialogar con sus compatriotas.
Mientras tanto, los ciudadanos que aspiran a una sociedad más justa seguirán ocupando y gritando en los espacios públicos para hacerse escuchar por las autoridades que hoy, seguramenteponen por delante, primero los negocios y después la patria. La gente seguirá en
la plaza. No hay violencia ni atropello en estas manifestaciones. De manera clara y sencilla, se difunden abiertamente, sin ocultar ningún punto, las reivindicaciones,nada extraordinarias, todas accesibles. Y esperamos que estos pedidos se analicen en una conversación abierta y
respetuosa, como debe ser, entre las autoridades y la dirigencia de las organizaciones sociales y económicas. Así sea.