Reflexiones y expectativas

0
28
El actual escenario económico, social y político de nuestro país, cargado de tensiones y protestas, exige a la dirigencia cooperativista la adopción de decisiones y estrategias creativas, inteligentes, equilibradas y prudentes que apunten a lograr alianzas con sectores honestos que trabajan por el desarrollo sostenible, tanto público, como privado. En ese sentido queremos destacar algunos aspectos que consideramos prioritarios.
Tenemos que sostener la gran credibilidad ganada en más de 80 años de historia del sector cooperativo. En efecto, hay que preservar la tradición cooperativa que nos identifica como empresa económica con finalidad social y fortalecer las dos grandes contribuciones realizadas a nivel mundial. Por un lado, la práctica democrática aplicada a la economía. Esta demuestra que es posible encontrar soluciones a los grandes problemas sociales: pobreza, salud, educación, capacitación, vivienda etc., mediante la creación de empresas, cuya organización, gestión y control está en manos de sus propietarios, los socios que generan riqueza a partir de recursos propios, inversiones y gestión colectiva de servicios que les permite obtener mejor calidad de vida
Por el otro, la experiencia política de participación directa de los asociados en la toma de decisiones, así como en la definición de las políticas y grandes objetivos institucionales. Así, también, la igualdad de derechos y obligaciones, como de oportunidades de la membresía para acceder a los cargos electivos, sin más condición que la idoneidad. Y especialmente se traduce en las relaciones de igualdad que se cultiva, ya que cada socio, en una Asamblea, tiene derecho a un voto, independientemente del capital que maneja, ahorro o aporte en su cooperativa, hecho que no se da en las empresas de capital donde el número de votos depende de la cantidad de dinero o acciones que se tenga en la misma.
El otro reto que tenemos es constituirnos en factor de poder, consulta e incidencia en los espacios donde se definen políticas públicas, no solo como actor relevante del desarrollo económico, sino por las propuestas desde nuestros valores y principios, orientados hacia una sociedad con mayores niveles de justicia social, igualdad y equidad. 
El sector cooperativo paraguayo es uno de los más importantes de América y uno de los más desarrollados del mundo. Por eso afirmamos que sería un error político grave de parte del Gobierno, pretender ignorar el trabajo cooperativo. No se debería definir políticas públicas en el campo económico-social sin consultar con el gremio cooperativista. Al contrario, cada vez más, las autoridades deben incorporar, dentro de las estrategias para el desarrollo, de manera relevante y no subsidiaria el modelo cooperativo para superar la pobreza, la desocupación, la desigualdad y la violencia.