Taiwán es un caso de dignidad para el Paraguay

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Se cumplieron 62 años de relaciones entre Taiwán y Paraguay. Desde la caída de Stroessner en 1989, la República Popular China no ha cejado en su intento por romper los vínculos entre nuestro país con la progresista isla, ubicada a aproximadamente 20.000 kilómetros de distancia del centro sudamericano. Habitualmente Pekín ofrece todo tipo de ventajas y hace ofrecimientos a las naciones con las que busca alejarlas del gigante asiático, pero una vez cumplido el cometido las promesas se las lleva el viento y comienza sí, la inundación directa de productos con las ventajas económicas para el más fuerte.

Actualmente los empresarios chinos comercian directamente con sus pares de nuestro país, entran y salen sin problemas, y de paso actúan como agentes de las autoridades de China Popular con cantos de sirena de que la carne, la soja, el aceite y otros rubros entrarán con mucho mayor provecho al gran mercado que ofrecen. Y esto, naturalmente, encienden los ojos de algunos gremios nacionales, de que sus ganancias treparían de un 30 al 50 % o más.

El alto interés que tiene China Popular está claramente vinculado a eliminar a un aliado clave que es Paraguay para Taiwán, y de esta forma alinear a toda Sudamérica a sus planes geopolíticos y económicos. El tanteo es constante y ante uno de los últimos ofrecimientos, acertadamente el Gobierno respondió que no se dejará manipular por el intento de chantaje. “Este es un país digno, a Paraguay nadie le condiciona nada”, fue la respuesta del Presidente de la República.

Durante más de 6 décadas, el hermano país de Taiwán ha cooperado mucho con nuestra nación, no solamente en viviendas populares, la construcción de edificios públicos, el asesoramiento en la agroindustria y la fundación de la Universidad Politécnica Taiwán-Paraguay en Asunción, con aporte de profesores residentes en nuestra capital. Aparte de esto, cientos de paraguayos han estudiado o están usufructuando becas en las mejores universidades de Taipéi y otras ciudades.

Cuando alguien visita Taiwán ve un país en crecimiento y desarrollo, con centros de alta tecnología. Es una nación que ha logrado crecimiento en la economía con 2.63% en el año 2018, primer lugar de cuatro dragoncitos de Asia. Altos indicadores como su valor comercial total que llegó a USD 622,2 mil millones, el 17º del mundo; se posiciona en el puesto 18 en el ranking de Paridad del Poder Adquisitivo con 53,023 dólares estadounidense; Taiwán es el vigésimo primer país con mejor economía y el decimo tercero en competitividad.

Sus ciudadanos que viven en libertad y democracia para crecer y progresar, en sus 35.980 Km2 y una población de 23.580.000 personas. El PIB per cápita es un muy buen indicador del nivel de vida y en 2018 fue de USD 25.000, por lo que se encuentra en el puesto 38 de los 196 países del ranking global, que mide el Producto Interno Bruto.

Además, China Popular ha venido propugnando para Taiwán, en todos los foros, su deseo de establecer lo que denomina la política de “Un país, dos sistemas”, es decir el presunto respeto a su autonomía, pero ya dentro del esquema del cerrado yugo del Partido Comunista, que maneja toda la estructura del Estado y el Ejército. Cómo se verá, esta misma ecuación está teniendo un rotundo fracaso en Hong Kong, que fue absorbida bajo la premisa mencionada, pero que hoy bajo el mando de Pekín desde 1997, ha convertido a la antigua, libre y progresista ex colonia británica en un polvorín represivo y que tiene aprisionado a casi 7.500.000 hongkoneses.

En vista a todo lo expuesto, Paraguay debe consolidar y ampliar su relación con Taiwán, fortalecerla en áreas claves como el comercio, la agroindustria, programas educativos de innovación y el uso de la tecnología aplicada. Se tiene que aprovechar la mano amiga que nos extienden y entender esa fantástica experiencia social y política, que ha llevado a la isla asiática de una economía pastoril hace 60 años atrás, a ser una potencia económica con igualdad de oportunidades para todos