Taiwán decidido a apoyar a Paraguay con más inversiones

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En amena conversación con Miguel Tsao, vicecanciller de la República de China, comentó que su país tiene como meta apoyar fuertemente la inversión de capital taiwanés en nuestro país, como una muestra más de amistad y cooperación.

Hace 62 años era un archipiélago de sembradíos basado en una economía pastoril, entre Filipinas y Japón, en el inmenso mar del sudeste de Asia.

Hoy, la República de China (Taiwán) es la 15ª economía mundial y el PIB per cápita alcanza 24.337 dólares, ubicándose en el puesto número 35 del mundo, con una impresionante dinámica como exportador e importador global.

Cuenta con seis parques tecnológicos, erigiéndose en un símbolo el Parque Científico de Hsinchu, el paradigma taiwanés de la nueva era y del avance científico en cuanto a tecnología aplicada.

Junto con un grupo de periodistas latinoamericanos, Gente de Prensa, a través de este enviado especial, pudo conocer por dentro el momento que vive la progresista Isla, cómo ven a Paraguay y el deseo de sus autoridades por ayudar a nuestro país hacia un mayor desarrollo.

Durante una conversación con el vicecanciller de Taiwán, Miguel Li-jey Tsao, este expresó claramente el compromiso con Paraguay a través de una mayor inversión de empresarios e inversionistas de la isla en diversos rubros.

Precisó que el objetivo es consolidar las relaciones de amistad de más de 62 años. Citó en tal sentido la liberación para la compra del cupo de la carne nacional, anunciada recientemente durante una visita a Asunción por el propio canciller Joseph Wu.

“Queremos que esta relación se encamine a mejorar la situación socioeconómica del Paraguay, junto a varios otros proyectos que estamos desarrollando juntos”, explicó.

Y al ver lo que ocurre en esta isla de 36.197 km², con un terreno 70% rocoso, uno se pregunta por qué estamos tan lejos de este progreso en Paraguay, con un territorio superior a los 406.000 km², abundante agua, fértiles praderas y una población de 7.000.000 de habitantes, mayoritariamente jóvenes.

¿Cuál es el ADN que hace a la diferencia de un país a otro? Y la verdad es que podemos esbozar muchas interrogantes y respuestas. Una de las principales razones fue el entendimiento colectivo de que sin patriotismo nada sería posible.

Y ello implicó apuntar a la educación, la disciplina social con severas penas a la delincuencia, el fortalecimiento de la salud y estrategias de corto y mediano plazo en el campo económico.

Ya en los años 90 comenzó a verse el milagro que no se detiene hasta nuestros días. Al caminar por Taiwán y hablar con algunos funcionarios del Gobierno, empresarios y estudiantes, uno se percata de ese compromiso de unidad con los objetivos estratégicos subyacentes.

Podrá decirse que Taiwán tuvo y tiene una presión muy grande de su vecina gigante, China continental, para esforzarse como ningún otro país. Pero lo cierto es que convertirse en uno de los “Tigres de Asia” no hubiera sido posible sin líderes y dirigentes visionarios, que entendieron que divididos y en riñas triviales permanentes, solo el fracaso y la decadencia social hubieran atrapado a esta hermosa isla, y hasta quizás ya hubiese sido anexionada.

Sus más de 23 millones de habitantes, así como los inmigrantes, tienen derecho a soñar, perseverar y triunfar en Taiwán.

Despertar a la realidad

Durante el largo viaje de retorno de Taipéi a Asunción, divagué sobre algunas realidades de ambas antípodas. Un país con un poco más del 1% de pobreza contrastando con el nuestro, que se aproxima al 25 %, una reserva de divisas superior a los 456.000 millones de dólares, contra 8.000 millones de la misma moneda, un índice de alfabetización de casi el 99% mientras aquí el analfabetismo alcanza el 6%.

Llegué a la conclusión de que Paraguay tiene mucho que aprender, imitar y reproducir de Taiwán. Ante todo, es necesario liderazgos patrióticos que propicien la sustentabilidad de nuestra República en la educación, el desarrollo de la ciencia, la tecnología, obras públicas y salud.

Casi somnoliento y aún en trance antes de bajar del avión, soñé que en Luque tomaría un tren de alta velocidad para trasladarme a San Lorenzo.

Al despertarme llamé a un Uber, para entender que quizás mis hijos alguna vez gozarían de un desarrollo como el que observé en Taiwán, una generación que ya es consciente de que, de un estado e instituciones obsoletas, hay que pasar a una sociedad pragmática y con una rebeldía constructiva para un progreso colectivo.