Ayuda mutua sostuvo al país ante las necesidades

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La pandemia desnudó una serie de situaciones que involucra a todos los paraguayos como sociedad, allí estuvieron las cooperativas cumpliendo con su rol social.

El primer caso de covid-19 en Paraguay se presentó el 7 de marzo de 2020, en plena etapa de desarrollo de asambleas en las Cooperativas. El 20 de ese mismo mes se establece el aislamiento total en la República y paraliza las actividades socioeconómicas.

Las entidades solidarias se movilizaron con la intención de ser un brazo de apoyo para el Estado paraguayo. El protagonismo que demostró este sector se vio en las ollas populares, donación de insumos hospitalarios a puestos sanitarios, entrega de víveres a más vulnerables e importantes sumas de dinero.

Estas iniciativas fueron posibles gracias a una resolución del Instituto Nacional de Cooperativismo (Incoop), quien autorizó que los fondos de educación sean destinados a ayudar a los más necesitados del país. Hasta julio, el monto total de aporte llegó a los G. 5.000 millones.

La Conpacoop movilizó a sus federadas y así sumaron fuerzas para llegar a organizaciones de beneficencia, comedores, hogares de niños y ancianos que no pasaban un buen momento por no contar con presupuestos para entregar los platos de comida.

Un grupo de mujeres cooperativistas se organizó y logró juntar más de 100 camas hospitalarias, equipadas para terapias, que fueron entregados al Estado paraguayo para darle el uso necesario.

El 2020 queda grabado en la memoria del mundo entero como un año trágico que jugó con el bienestar del ser humano. Sin embargo, las Cooperativas se mostraron sólidas y firmes y dijeron sí a los pedidos de auxilio presentados por la ciudadanía.

En todos los escenarios

La pandemia no fue el único inconveniente en Paraguay. Se visualizó el crecimiento de la violencia de género, una serie de incendios se presentaron en diversas zonas del país y las zonas fronterizas están sin actividades económicas. Ante estos conflictos, las entidades se ocuparon con la generación de charlas educativas, donación de insumos, artículos de seguridad, entre otros. Es así que el sector solidario deja su huella y enaltece la bandera de la solidaridad en tiempos difíciles para la humanidad.

Un giro brusco

El mundo se paralizó. Un virus que paralizó los encuentros educativos, sociales y deportivos puso contra la pared a las personas. Esta situación obligó a las cooperativas a encontrar alternativas para las reuniones, formación, capacitación y recreación de la membresía.

Las plataformas virtuales fueron una gran compañera en este proceso. La conexión a través de internet palió la necesidad de tener contacto con otras personas. Así empezaron a desarrollarse las sesiones de los dirigentes, luego las capacitaciones para cooperativistas y algunas disciplinas extracurriculares, ofrecidas por las organizaciones.

El uso de las herramientas digitales es clave para el presente. El cooperativismo asume que esta es una realidad que se aceleró y debe ser tratada con mayor dedicación para llegar a mejor puerto.

Alternativas económicas

Desde el primer momento, el Instituto Nacional de Cooperativismo (Incoop), analizó estrategias para mitigar los perjuicios que la situación generaría en los socios y en la salud financiera de cada institución.

Las Cooperativas facilitaron medios de pago, realizaron mayor inversión en tecnología, restringieron sus horarios y redoblaron los cuidados preventivos en las atenciones. El salto tecnológico fue quien permitió continuar con las operaciones.

Los datos indican que los primeros tres meses de aislamiento fueron los más complicados por la poca circulante de dinero. Sin embargo, ese no fue motivo para que los ahorristas retiraran sus bienes. En los últimos meses, ya con la apertura de las fases, las organizaciones empezaron a tener mayor circulación de dinero. La economía está golpeada. Existe un alto porcentaje de liquidez en las entidades. Es por ese motivo que promocionan créditos y reducen las tasas de interés.