miércoles, mayo 25, 2022
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El Romanticismo y la doctrina cooperativa

Con cierta frecuencia, incluso entre dirigentes se suele señalar que no debemos ser románticos al encarar la gestión en nuestras empresas cooperativas. Que nuestro objetivo es ser eficientes, competitivos y rentables, conforme a las reglas del mercado. Estas afirmaciones hechas en referencia, probablemente, a la doctrina cooperativa expresa, sin embargo, conceptos que deben obligarnos a reflexionar sobre nuestras experiencias y prácticas. Y es que debemos reafirmar permanentemente que las cooperativas grandes o pequeñas tienen una identidad, es decir valores y principios que constituyen la base doctrinaria universal. En consecuencia, todas las acciones, sean económicas, financieras y sociales deben ser coherentes, deben responder y ceñirse a dichas reglas. La gestión cooperativa tiene que incorporar tanto la dimensión asociativa, como la empresarial. Ambas aglutinan los diversos servicios y los negocios. No se contraponen, sino que se complementan, son inseparables y responden a la tradición cooperativa que debemos preservar y fortalecer.
 
Orientar nuestra gestión desde y hacia los valores y principios universales para lograr el desarrollo económico y social, cuyo objetivo no sea solamente resolver necesidades, sino mejorar la calidad de vida de los socios y la comunidad es la mejor condición y garantía para lograr la fidelidad de la membrecía y atraer las inversiones destinadas a la promoción del modelo de economía social.
 
Destacamos que uno de los mayores desafíos que tenemos los cooperativistas, es la generación de una cultura nueva que se edifique sobre valores humanos, esencialmente solidarios y éticos. Y que la búsqueda de ese ideal tenga como base una educación orientada hacia el ejercicio democrático, la tolerancia y la diversidad. Que en nuestras acciones diarias tengamos presente, no solo los resultados financieros, los excedentes que indudablemente son imprescindibles, sino también el proyecto ético que proponemos para nuestra sociedad. Tenemos que ser rentables sin dejar de ser solidarios.
 
En ese sentido, cuando afirmamos la necesidad de preservar la tradición, nos referimos al compromiso común de consolidar los ideales cooperativistas, la integración y cooperación.

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